Poemas de ERNESTO R. del VALLE (Julio 2016)

LA SOLEDAD DE LA ROSA (Decineto)

 

Venga el terrible amor, suicidio de las horas

a esparcir su veneno de tiempo necesario

ahuyentando el placer vigente, imaginario.

Que venga con la aureola minúscula y suicida

de la ostia que llega desnuda hasta la cama

saboreando la piel del tiempo que le olvida

y en pleno corazón la sangre se le inflama.

Que venga y que no olvide la rosa en primavera

muriendo de silencio en un jardín cualquiera

marchitos ya sus pétalos de pérfidas auroras.

 

 

DESNUDO CON NENUFAR


Cuerpo y flor,

ambos en esa desnudez sutil,
en esa embriagadora
alquimia de misterio.
Yacen como si todo
a su alrededor no existiera
-luz y sombra, carne y pétalos-
sumidos en el tiempo,
en la aterrante y provocadora acción del tiempo.
Así cuerpo y flor acentúan
la belleza de su estancia
el todo de su esencia,
la imago del poema
en el silencio.

 

 

ES JUNIO Y LLUEVE
Hoy, los clavos sobre la madera
no son a mi nombre.
Debo vivir hoy,
así que adiós muerte,
adiós vieja de los silencios enclaustrados,
deja hoy fluir mi sangre en lontananza,
déjame amar,
tomar mi copa de cerveza.

Date una vuelta alrededor de los enigmas,
visita las estatuas de los ilustres
que te llevaste de paseo.
Dobla la esquina
y vigila el cáliz de la rosa
y sus gotitas de agua
protegidas por la inocencia de su aroma.

Hazte a un lado
paridora de lo ignoto
déjame ser, al menos hoy,
ya mañana veremos
quien alza para mí
otro cadalso.

 

 

 

LLUVIA  EN LA TARDE

 
La lluvia perezosa, esa que cae sin querer, como pidiendo disculpas bajo el cielo gris. Es la antesala de la melancolía. Un amor roto bajo una lluvia gris, es terrible y si ella tiene los ojos grises, qué se le va hacer si el alma se te ensombrece. El día gris es hermoso aunque nos traiga estos recuerdos agri-dulces

La lluvia deja esa inconmensurable nostalgia, ese infinito sustrato de recuerdos impostergables, Cae la lluvia como un cielo diluido en gris a nuestras almas.

Lluvia sobre el asfalto de las calles, en las hojas de los árboles y en los terrones del miedo a los charcos de tristeza.

La lluvia… ¡cómo tremendamente imperas en el ser humano!.

¡Qué bastión de humedades tratas de  vencer en esa bendita eclosión que armoniza con la luz y con la triste cadencia de tus gotas sobre el cristal de cualquier ventana donde un rostro asoma su nostalgia!.

El día gris, empedrado

como lámina de acero,

es ave de mal agüero

clavándose a mi costado.

Pero me gusta ese lado

de fiera melancolía.

Es el gris que en cierto día

de juventud ya lejana,

una mirada temprana

de mujer, fue mi alegría.

 

Lluvia, lluvia de Abril o de Diciembre.

Lluvia y sustrato de humedad en los recuerdos, deja de caer y ultima de una vez por todas tus acuerdos y proposiciones con lo pretérito, lo incógnito, el misterio..

Yo me siento a observar, desde mi estancia humana, desde mi espacio empolvado de estrellas, las insólitas magnitudes del agua en sus esdrújulas cavidades donde se despereza una y otra vez, el fauno de la abulia.

Entonces…

Abro un libro y leo sobre el hombre que perdió el camino hacia sus bastiones.

Sirvo el vino en la copa de la esperanza,

Brindo y bebo desde mi victoria

 

 

 

NOCHE NEGRA

 

La noche y su colmillo me esperan dentro

de mis miedos. Me esperan a mansalva para

conquistar mis sudores más elementales,

para escupirme su sombra en cada esquina

para emboscarme en sus polvos y misterios.

La noche muerde duro los pasos de mis rutas;

mis ojos se pierden en sus cuencas íntimas

entonces me mira con sus ojos de espanto,

me asusta su vientre de sombras, su piel

de suave almendra que satura los sentidos.

 

Pero amo la noche y amo sus zumos de gardenia

y me adentro a ella para conquistarle sus aromas,

para saborear su planetario espacio, su envoltura

de femeninas cumbres y amaneceres

que le nacen muy dentro de su furia ensangrentada

Amo la noche que me envuelve, que me arrastra

hacia su enorme caudal de versos

Amo la noche y me arraigo a sus hechizos

a sus velos frutales a sus enormes lanzas

que se clavan hondo en mi corazón humano.

 

 

ALBORADA

 

Nace la mañana.

Un confuso rumor se desplaza consumiendo las sombras que huyen de la vigilia en que el Hombre está con sus ojos cerrados como si un parto de lúcidas estrellas sucediera bajo sus párpados.

Es la mañana y es labor de las luces recién urdidas quien equilibra toda la noción de lo festivo, cuando el cuerpo  se desplaza lúcido y creíble como una pantera en  celo.

 

Así llega el día, en el lenguaje

humano de besos y gemidos.

De cuerpos cansados, abatidos

sin la noción hermosa del paisaje.

Es la realidad de todo viaje

que nunca parece concluido.

 

 

RESACA

 

La vida se va como ese viento

que apenas se siente. Cuando  pasa,
arranca pasiones, deja rasa
la copa bebida en un momento.
La vida se lleva ese lamento
de la uva convertida en pasa
Porque nadie olvida la tenaza
que le muerde duro pero lento.
La vida se va, se siente apenas
detenerse fría entre las venas
cual viento nupcial entre las ramas,
Olvidas el vino que has bebido
y vas con las copas del olvido
entre sombras, versos y oriflamas.

 

 

CRUCIAL COSECHA

 

[Decineto Alejandrino]

Cuerpo de tierra y fuego entrega tu simiente,
en ese  vendaval de ardientes llamas.
Entre todas, tu piel busca mi piel urgente
en la urgente homilía que en tus rezos reclamas.

Entrégame tus grumos de lloros y mordidas;
eleva hasta tus ciclos los cielos que te entrego
en la crucial cosecha de un fruto casi ciego.

Los muslos enlazados, las manos ya perdidas
entre caderas, senos… ¡Ay bocas adheridas
a un surco sin espacio, sin paz y sin sosiego!

 

 

ARBOL SOY

 

Un árbol simplemente
cruzado de sol a sol y golpe a golpe
florecido por las cagadas de las aves
que llegan vacilantes a escuchar
mis lamentos de árbol solitario.
Pero un árbol soy.
doy sombra al ahorcado
y al que llega con su cansancio
sobre el lomo;
escapo noche a noche
de los ruidos que allanan mi silencio;
en mis ramas hacen el amor los insectos,
hasta mis flores llegan los suspiros
de las señoritas insaciables
que acarician sus senos rosados y firmes
con sus pétalos;
las viudas me visitan, tan solitarias como yo,
a masturbar ansiedades y delirios
frotando su pelvis
a mi fuerte tronco,
humedeciendo con su orgasmo
la corteza que me cubre

 

 

EL SILENCIO DE LA SANGRE
¿No cabalgan ya los corceles de la tarde?
¿No vuelan hacia las torres mas altas las palomas?
¿No se funden en el cielo los acertijos de las nubes
y la mirada color nuez de los niños asombrados?

¿Condenado estoy al silencio de la sangre?

El silencio quema en los tejados coloniales,
arde en los arabescos
de las altas ventanas pero yo
yo me ceo por el ala de la sombra,
junto a Miguelito y su guitarra,
Luis con su sonrisa diplomática
enarbolando su carisma de poeta
y Loredo midiendo los  pasos con cuidado.
Hoy les sobrevivo en  la franquicia del verano
donde los colores de mi ciudad
resaltan en plazas y parques
y por sus avenidas y estrechos callejones
se establece el silencio en suavísimas estancias.
Hoy les sobrevivo y  en los jardines

aún se desesperan las begonias y el jazmín suspira
por los senos de las adolescentes.
Hoy les sobrevivo
y  es que el silencio de la sangre es propicio
a las celadas del recuerdo…

 

LLEGADA DEL OTOÑO

  De un rumor 
                                               creciente y voluptuoso 
                                               se llenan para mí, los días. 
Heberto Padilla
                                                           Cuba 1932-EUA 2000

Hermano, los días
se nos echan encima con sus lluvias,
frenéticos acosos y vivencias.
La noche con sus candilejas en el alma
preparándonos el verso en esta angustia
de hojas secas caídas en la redondez
de nuestros sueños.
Y la vendimia del poema se festeja
desde el atrio solitario de lo triste
y buscamos, y buscamos sin hallar,
la recóndita felicidad de las palomas…
Pero la gente no escucha
¡si supiéramos al menos qué amordazar,
qué silenciar en el bullicio…!

¿Esa flor nos salvará acaso?.

 

Del poemario en preparación: CUANDO LA PALABRA ES LUMBRE

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